PATINES Y CHUECAS

Memoria y actualidad de las disciplinas del patín

El Mejor Equipo Que Integré

Fue para el Torneo Metropolitano de 1983. De 23 equipos que compitieron en nuestra categoría debimos haber quedado entre el puesto 12 ó 13. No éramos ni tan buenos pero tampoco éramos pésimos. Éramos la Infantil B del León Prado Rojo, un grupo granítico. Qué duda cabe.

LEÓN PRADO ROJO 1983, equipo Infantil B. Arriba, de izq a der: Guido Salvatierra, Juan Villarroel, Jorge Rodríguez, Claudio Castro y Aldo Cassinelli. Abajo: Miguel Araos, Andrés Enero, Ricardo Rodríguez y Alfredo Vicuña.

LEÓN PRADO ROJO 1983, equipo Infantil B. Arriba, de izq a der: Guido Salvatierra, Juan Villarroel, Jorge Rodríguez, Claudio Castro y Aldo Cassinelli. Abajo: Miguel Araos, Andrés Enero, Ricardo Rodríguez y Alfredo Vicuña.

Lo componíamos con Miguel Araos, Andrés Enero, Aldo Cassinelli y Guido Salvatierra con quienes también éramos muy amigos en el IMLP porque formábamos parte del 8vo. Básico A. O sea, juntos todo el día.  Literalmente, en las buenas y en las malas. En las copias en las pruebas y en las fiestas con las lolitas del Corazón de María –donde, la verdad sea dicha teníamos -salvo Aldo- nulo rating con aquellas chiquillas en esos jurásicos festejos-. En los entrenamientos, dos días a la semana, y en los desórdenes que se armaban en cada cambio de hora, a la espera de la llegada del profesor a la sala. Y en los fines de semana cuando nos tocaba partido.

Completaban ese plantel dos tipos muy bien humorados, que cursaban Segundo Medio. Mientras Juan Villarroel -el infaltable Juanito que hay en todo grupo- era nuestro líder natural, Claudio Castro -conocido como Castrito- era tranquilo, piola. Pero en la cancha tenía un disparo de distancia para temer. ¡¡De la pucha madre!! Tanto respeto le teníamos a ese remate, que en las prácticas cuando Claudio tomaba la bocha el resto nos apartábamos dejándole vía libre y entregando a nuestro arquero a su suerte.

También estaba Dune Valle, quien era del 7mo. B. Buen tipo, su juego era con improntas destartaladas pero efectivo. Irreverente en su estilo, siempre se empeñó en sacarle canas al entrenador de ese tiempo, de cuyo nombre no puedo acordarme y que, la verdad sea dicha, no nos tenía entre sus regalones. Tan así, que cuando coincidían en el mismo día los pleitos de la Infantil A -por ejemplo, en la cancha de Recoleta- con los de nuestro equipo -en la cancha del Audax, ahí en calle Lira- él siempre privilegiaba a los primeros. Así, quien aparecía como nuestro técnico era el papá de Miguel con quien –sinceramente- nos sentíamos más cómodos.

Reforzaban el elenco, desde la Segunda Infantil, mi hermano Ricardo –como portero suplente, quien siempre decía que le gustaba jugar con el público en contra porque “con una atajada los dejo callados a todos” decía- y Alfredo Vicuña, cuyo padre tenía una van de color verde, sin asientos en su interior. Así que cuando nos tocaba un partido de visitante -en Santa Rosa de Las Condes o en el Estadio Palestino- salíamos todos juntos desde la puerta del León Prado, nos íbamos en esa camioneta y en el camino nos íbamos equipando llegando listos a la cancha.

También recuerdo que en esa temporada el poderoso quinteto Infantil A del León Prado Azul –que tenía un equipo pleno de talento con Ricardo Correa; Miguel González, Alvaro Yuso Carbonell; Jorge Sinsay y Sandro Botto– nos goleó 37-0 en la primera rueda. Para la revancha nos propusimos vengar esa afrenta y les creamos problemas. Incluso, creo que se asustaron un poco porque apenas nos vencieron 33-1.

¿Alguna anécdota fuera de la cancha? Un viaje a Viña del Mar para enfrentar a Ciclón y Viña Patín, en la cancha de Forestal. El duelo con los de camiseta roja se jugó a mediodía. Tras el almuerzo, y como el siguiente cotejo era cerca de las 4 de la tarde fuimos a jugar video a un local que quedaba cerca de la cancha. Como siempre ocurrió, todos juntos. Aldo estaba jugando el clásico Rally X, el del auto aquel que arrancaba de los móviles rojos echándole nubes de humo, cuando en un movimiento un tanto brusco sacó la palanca del juego sin quererlo. Al verse con el adminículo en la mano, quedó con la boca abierta acompañado de un sonoro “ooooooh” de todos nosotros. Cinco segundos después estábamos todos afuera de ese sitio, arrancando para que el dueño no nos hiciera pagar la reparación. ¿Y el partido con Viña Patín? Increíblemente, aunque éramos visita que habíamos viajado casi 110 kilómetros para enfrentarlos, ganamos por walk over. Insólito.

Con todo lo anterior y más, refrendo que el mayor recuerdo que tuve en el hockey es que éste fue el mejor equipo que integré. No salimos campeones, pero tampoco fuimos menos…

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Esta entrada fue publicada en 19 febrero, 2015 por en Equipos de Antaño y etiquetada con , .

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