En el Día de la Mujer, Homenajeamos a las Pioneras del Hockey Femenino en Chile

Hockistas europeas en la década de los 40. Esta postal se repetía frente al Palacio de La Moneda hasta 1942, año en que el hockey femenino chileno comenzó a verse afectado por los prejuicios de la época.

Este lunes se conmemora un nuevo Día Internacional de la Mujer, en recuerdo de la lucha que las mujeres han hecho –hasta hoy- por su participación igualitaria en relación al hombre, tanto en la sociedad como en su desarrollo íntegro. Y en el ámbito deportivo, también han tenido que abrirse paso ante el machismo medieval que dominaba la escena hasta hace algunos lustros, donde el hockey-patín no fue ajeno a aquello.

Por ello, a modo de homenaje, nuevamente recordamos a las pioneras que comenzaron con los patines y chuecas en nuestro país. Porque desde los inicios de la actividad, en 1935 en Valparaíso, el sexo femenino ha tenido activa participación en esta disciplina.

Incluso desde antes, al disfrutar ellas de lo que era la entretención del patinaje por las calles del puerto principal. Actividad que, inicialmente, pertenecía a los inmigrantes ingleses que muy pronto imitaron los porteños.

Tras el inicio del hockey-patín chileno en el año mencionado, con la fundación del primer club en el puerto, el Indian’s Club, las mujeres también se entusiasmaron en la formación de los primeros equipos. Uno de esos representativos fue el que constituyeron algunas operarias de la Unión Lechera de Aconcagua, cuya industria se ubicaba en Libertad con 10 Norte.

En Santiago, la tendencia fue destacada en 1940 por el Diario Ilustrado al redactar sobre el nuevo deporte que acaparaba la atención de los capitalinos que “como lo hemos venido anunciando periódicamente, tanto los partidos de hockey como el campeonato de carreras y pruebas individuales han servido para demostrar al numeroso público y autoridades que presenciaron el gran auge y desarrollo alcanzado por este difícil deporte, el cual cuenta con entusiastas cultores de ambos sexos. De hecho, equipos femeninos tenían los clubes Nacional, Dávila Baeza y Defensa de la Raza.

Las pioneras. Todo se coronó con la realización del primer Torneo Nacional, entre el 10 y 12 de octubre de 1942, en la losa ubicada frente al Palacio de La Moneda y que daba hacia la Alameda –donde hoy se emplaza una pileta-. En ese marco, el domingo 11 de octubre, a partir de las 16.30 horas, se enfrentaron los equipos femeninos de Santiago y Valparaíso. Hito histórico donde “las chicas de la capital dieron una grata sorpresa a la afición al vencer 2-0 a sus calificadas rivales porteñas”. También, y sin pretenderlo, Chile se transformó en el primer país donde se disputó una cita a nivel país del hockey femenino. Porque si bien en Europa también había partidos entre damas, no disponía aún de competencias organizadas.

En aquella tarde de octubre quienes jugaron con el Palacio de Gobierno como mudo testigo fueron, por Santiago, Lucía Sepúlveda, Olga Sánchez, Eliana Mendoza, Alicia Herrera, Silvia Herrera, Julia Salvo, Eliana Valenzuela, Alicia Bonomo, Gilda Pino y Eliana Abud; mientras que por Valparaíso hicieron lo propio Orfelina Monsalve, Hilda Mayer, H. de la Cerda, Mercedes Hidalgo, Nieves Julve, Eliana Gutiérrez, Nélida Videla y Gaby Meneses. Verdaderas pioneras que la historia deportiva de nuestro país debe tenerles un palco destacado.

Sin embargo, y a pesar de también jugar al año siguiente en la cita nacional disputada en Valparaíso, el hockey-patín femenino fue desapareciendo de escena en los meses siguientes. Tal vez, por los dictámenes machistas de la época donde el patriarcado era muy fuerte y que consideraba a este deporte muy violento para que lo practicaran las damas. Por eso, se reservó la práctica del atletismo y del vóleibol para las niñas, sobre todo en los colegios, dejando como esfera exclusiva masculina al fútbol y al hockey. O sea, los deportes de roce donde, según los convencionalismos de la época, por esa condición “no eran acordes para que fueran practicados por mujeres”.

El viernes 14 de abril de 1995 renació el hockey femenino chileno, con el partido que el incipiente equipo de Universidad Católica enfrentó a un quinteto de San Juan.

El legado. Tuvieron que pasar casi cinco décadas para que la actividad renaciera en nuestro país. Todo, a partir de los comentarios del recién llegado Rubén Leni, quien había asumido en Universidad Católica a principios de 1994 tras una amplia trayectoria en el hockey-patín norteamericano. Y en sus charlas con el dirigente cruzado Pedro Barrios y con su relevo en la cabina técnica de la UC para asumir en la Selección Nacional que debía jugar el Mundial B, el argentino Aldo Llera, Leni comentaba lo que era la actividad femenina en Estados Unidos y Canadá, además de contarles que ya se jugaban Torneos Europeos y Mundiales.

Fue esa la chispa para el reinicio, con nombres como las hermanas Sandra y Carla Torres, las hijas del Tío Pedro –como lo llamaban esas incipientes hockistas- Sandra y Olga Barrios más otras compañeras de patinaje artístico para formar el primer equipo de la franja. Que pronto tuvo contagio en Universidad de Chile con Seisha Prat, Bárbara Palma y Karin Reinhardt, entre otras.

Sin embargo, mientras algún cronista no creía mucho lo que presenciaba –“un bonito experimento” tituló tras el partido de la UC con San Juan, en la otrora cancha de la UMCE-, otro ya daba cuenta que con esa demostración en la pista se reafirmaba que las mujeres hacía rato habían dejado atrás el mote de ser el sexo débil.

Fue ésa la previa para la llegada de las Marcianitas y el título mundial en 2006 que inmortalizó a todo ese plantel encabezado por Francisca Puertas y Fernanda Urrea. Legado que tiene continuidad con lo que hacen hoy en la exigente OK Liga española Fernanda Hidalgo, Viznia Silva, Florencia Llera, Sofía Reyes, Fernanda Muñoz y Fernanda Tapia. Que se extenderá en la OK Liga Plata con Beatriz Gaete; mientras que en la Liga Portuguesa Maca Ramos sigue haciendo de las suyas. Agregando a Cata Flores, Francisca Donoso y Mykaela Aparicio reafirmaron su estirpe con el tercer lugar en los pasados World Roller Games de Barcelona.

En el ámbito local también tuvieron que enfrentar los convencionalismos. Porque sólo hace dos temporadas a la Liga de Honor Femenina se le ubicó en el lugar destacado que se merece al programarse sus partidos los viernes en la tarde, tal como los varones, dejando atrás aquellos fixtures que fijaban sus partidos para las mañanas de los domingos.

Las Marcianitas celebraron en Barcelona el estar nuevamente entre las tres mejores del mundo. Ese triunfo les pertenece a ellas y al cuerpo técnico liderado por José Querido. (crédito foto: Vidova Fotografía)

Legado que también se da fuera de la pista con aquellas que también han demostrado ser capaces como entrenadoras, con la referencia de Francisca Puertas, Katherine Quezada, Pauli Santibáñez, Liudba Rojas y Zoe Zamudio. Acompañas todas por quienes se desempeñan en cargos directivos o como delegadas en tal o cual partido.

También, carácter y valentía para luchar por su derecho a practicar el deporte que aman, como lo hicieron Vanessa Jamett y Josefina Faure ante la arbitraria decisión de la Federación, en desmedro de ser las primeras campeonas sudamericanas de clubes que tiene el hockey chileno al formar en Concepción PC de San Juan.

El terreno del arbitraje también ya cuenta con exponentes femeninas, siendo las primeras Gloria Tapia y Antonia Lepín hace cinco décadas, seguidas por María Espinoza, quien debutó en un Nacional Infantil en 1972. Y que hoy tiene como estandarte a Ruth Carrillo; Jemme López, Marcela Ramírez y Alejandra González.

Todo gracias a esas primeras hockistas que, a fines de la década de los 30 y principios de los 40, además de vencer al rival de turno decidieron superar los prejuicios de su época empoderándose con un par de patines y empuñando una chueca.

 

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