
El inédito título mundial obtenido el domingo recién pasado por Les Bleus en el parqué del Pabellón Arena asunceño es la cima de un largo proceso -proceso, palabra que adquiere ribetes de confirmaciones con este hito deportivo- iniciado en la nación gala hace poco más de tres décadas. Período que se resumen en los siguientes diez puntos que intentan resumir las etapas que permitieron este logro. Puntos que, dicho sea de paso, podrían ser tomados como modelo para ser considerados en nuestra escena.
Influencia italiana. La llegada de metodólogos y técnicos italianos, directamente desde la Serie A1, durante la década de los 90 transformó la cultura del hockey francés, sustituyendo un estilo vistoso pero desordenado -un “hockey champagne”– por disciplina táctica, marcaje férreo, orden posicional y rigor defensivo. El título del Mundial B disputado en noviembre de 1994 en la desaparecida Pista Casino El Llano, en la comuna de San Miguel, fue el primer éxito de esa nueva visión para la disciplina en los lares de Napoleón.
Estructuras formativas. La Federación Francesa de Patinaje profesionalizó la capacitación de entrenadores locales e invirtió en centros de tecnificación deportiva, construyendo una cantera sólida para garantizar un recambio generacional de alto nivel. A propósito, aquí en nuestro país ¿cuándo se retomarán los Cursos de Entrenadores, por lo menos los del Nivel 1?
Liga. El fortalecimiento de la Liga Nacional -la N1 Elite- elevó la competitividad interna entre sus clubes tradicionales, ofreciendo a las jóvenes promesas un torneo ordenado y exigente donde foguearse con minutos de calidad en situaciones de alta presión. Eso implica, por lo básico, respeto de los horarios asignados; canchas en perfecto estado -teniendo, por ejemplo, clara la demarcación del anillo de las bancas y las redes de los arcos en perfecto estado-; y un sistema de campeonato que asegure continuidad en su desarrollo y atractivo para el público. En resumen, diseñar de la mejor manera al producto para captar auspiciadores que motiven elevar el estándar.
Exportación. La migración de los mejores jugadores franceses hacia ligas de primer orden, como la OK Liga o la Liga Placard Portuguesa, es la gran plataforma de pulido individual, permitiendo a los hockistas galos adquirir ritmo y roce de élite. Por eso, los jóvenes valores que vayan surgiendo en nuestro país, a lo menos si se van a jugar a Europa, deben aspirar a llegar a esos máximos escenarios.
Influjo portugués. La influencia de la escuela y liga portuguesas aportó el ingrediente ofensivo que le faltaba a Francia: transiciones en velocidad, agresividad en el 1 contra 1, disparo exterior con pantalla y un ritmo físico asfixiante. En el caso del equipo chileno en Asunción, se apreciaron visos de esa disposición ofensiva
Influjo portugués 2. La llegada de directores técnicos, preparadores físicos y analistas portugueses a los clubes galos aportó metodologías de entrenamiento de vanguardia, como la periodización táctica, el análisis minucioso en video y la optimización de las cargas físicas. Al respecto, no es malo organizar clínicas para nuestros entrenadores impartidas por técnicos europeos -hay plataformas digitales de sobra para utilizarlas sin necesidad de que los expositores vengan de cuerpo presente a este lado del mundo.
Referencias. La irrupción de núcleos familiares con fuerte arraigo al hockey, con los hermanos Di Benedetto como grandes referentes, inyectó un nivel técnico depurado, sentido de pertenencia y jerarquía internacional al seleccionado nacional.
Modelo táctico. Francia consolidó un estilo propio que combina la muralla defensiva heredada de la Escuela Italiana con la transición vertical e intensidad aprendida en Portugal y el control técnico perfeccionado en España. La base de esa disposición fue siempre el 2-2.
Sin barreras sicológicas. El seleccionado galo superó el complejo de inferioridad ante las llamadas super potencias -Argentina, España, Italia y Portugal-, aprendiendo a disputar partidos cerrados y eliminatorias decisivas de igual a igual, sin reverencia táctica ni mental. Agregar que el equipo chileno también demostró esa irreverencia para no darle tregua a los llamados “grandes”.
Mentalidad competitiva. La consagración en Asunción fue el reflejo de un equipo francés con carácter, capaz de remontar partidos al límite -como lo sucedido en la Semifinal ante Portugal- y sostener la serenidad en definiciones dramáticas por penales -como en la final ante Argentina- para alcanzar la cumbre. Los chilenos también lucieron ese importante aspecto en ese minuto y 40 segundos ante Angola, el sábado, cuando igualaron el marcador 3-3 en momentos en que el 3-1 a favor de los africanos parecía inalcanzable.
Por ende, hay un base como para tomar elementos del exitoso proceso francés para aplicar, insistimos, en nuestra escena.

