Crónica Halloween: Las 10 Situaciones de Terror en el Hockey

En medio de los disfraces que se preparan para esta jornada más la recaudación de golosinas en esta fiesta que hace rato dejó de ser patrimonio norteamericano para contagiar a todo el mundo, el hockey sobre patines también tiene sus situaciones terroríficas que, hay que admitirlo, están acorde a esta fiesta pagana. Situaciones que detallamos a continuación.

El Fantasma del Descenso. No hay angustia institucional más destructiva que ver cómo el espectro del descenso empieza a pulular por la cancha conforme avanzan las últimas fechas del torneo. Ese espanto afecta el estado de ánimo del equipo en el camarín, lleva a pensar que la bocha pesa más de 10 kilos, provoca la cara larga de los dirigentes y la desazón de los hinchas. Como para andar asustado con razón.

La Noche de los Dirigentes Vivientes. Esta pesadilla no ocurre en la cancha, sino en la mesa de control o en el Tribunal de Disciplina. Todo es alegría por un agónico partido que te permitió sumar tres puntos importantes para quedar entre los mejores de la tabla. Hasta que a medianoche llega un correo: Protesta de planilla por inscripción extemporánea del jugador #7. Perder en cancha duele, pero perder por secretaría por un error de tipeo es un fantasma que persigue a los clubes por temporadas enteras.

La Pista Prohibida. A nivel mundial, las pistas han evolucionado hacia la resina sintética o piso flotante de alta tecnología. Pero basta que a alguien se le ocurra pasarle cera o laca a la pista para transformarla en un verdadero peligro por la resina pegajosa. Intentar frenar en seco no te hace deslizar, hace que las ruedas se claven instantáneamente con la amenaza latente de alguna lesión grave en la rodilla o los tobillos. ¿Cómo? ¿En Paraguay? Pónganse serios, no digan disparates por favor…

La Ruleta Rusa de los Penales. En las instancias decisivas de algún campeonato, el empate en la prórroga suele dar paso a la definición por tiros penales. Aquí el horror es psicológico y devora hasta a los que parecen los más fuertes de carácter. Avanzar desde mitad de cancha para ejecutar el tiro directo, donde el arquero parece crecer achicando el arco, produce un desgaste mental fulminante. Basta que el especialista falle en el disparo o en el gancho, la pelota rebote en los parantes del arco o el portero rival desvíe para producir transpiración fría y angustia sobre patines. Postal aterradora.

El Fantasma de la Pista Resbalosa. Pocas cosas causan tanto pánico como jugar un partido decisivo en una cancha descubierta o mal ventilada en pleno invierno o al caer la noche. Porque la condensación que se manifiesta con el hielo que se apropia del techo del recinto al transformarse en goteras… que hacen peligroso el picar con los patines. El escenario puede llegar a ser macabro: vas en un 2 contra 1, vas a hacer un cambio de ritmo o frenar en seco para meter la chueca… y la pista decide transformarse en una pista de hielo invisible. El resultado es el temido «patinazo” donde terminas desparramado en la pista rogando que el costalazo no haya ido más allá del susto. Y todo por unas pequeñas gotas sobre la cancha, cuán duendes maléficos.

El Pueblo Fantasma. Para un deporte de contacto, pasión y velocidad como el hockey, jugar sin público o en un recinto desolado produce una atmósfera espeluznante y desmotivante: sólo se escucha el toque de la pelota en la superficie del stick, el silbato de los árbitros y… nada más. Literalmente, con las tribunas vacías penan las ánimas. Y el frío parece ser más intenso…

El Aullido del DT Poseído. Hay entrenadores que en situaciones normales son personas pacíficas, pero basta un pitazo dudoso o una sanción discutible para que se transforme el ambiente por completo. Sus reclamos guturales retumban en toda la cancha. El nerviosismo cunde y la paranoia entre los dirigidos de aquel DT se contagia. Eso puede derivar en histeria cuando el árbitro, para controlar la situación llamando a terreno, amonesta o muestra más tarjetas. Ahí el DT en cuestión no necesita de la Luna Llena para transformarse en un desaforado Hombre Lobo para aullar con el volumen alto.

Los Vampiros Energéticos. Como en todo orden de cosas, el hockey no escapa de aquellos que creen sabérselas todas. Son seres increíbles porque opinan como si fueran el más erudito de los dirigentes, el más sabio de los entrenadores y el más hábil de los jugadores. ¡Y en su vida se han calzado un par de patines! Verdaderos vampiros energéticos que succionan toda la energía positiva de la disciplina, desestabilizan a los más jóvenes y creyendo que el hockey sobre patines se juega igual al FIFA o a las pichangas de baby fútbol que veía en la tele. Su único talento es gritar tonteras con absoluta seguridad y sembrar veneno con su “chimuchina”. Urgente, llamen al profesor Van Helsing para que los elimine.

Dr. Jekyll y Mr. Hyde. En el hockey, lamentablemente, han surgido personajes bipolares. Son tipos que el día antes y el día después del partido son personas ejemplares, un papá colaborador, un “macabeo” asumido, un ejemplar empleado mandoneado en el trabajo o el compañero más simpático y tranquilo. Pero, en el día del partido, basta que el árbitro cometa un fallo en contra para que se produzca la mutación al más puro estilo del doctor Jekyll y míster Hyde. Se pone rojo como un tomate, empieza a lanzar espuma por la boca y amenaza a todo el que se le cruce. Un caso digno de análisis sociológico.

La Amenaza Fantasma. Una tendencia que ha ido creciendo en el último tiempo es aquella en la que han surgido “valientes” que opinan, critican e incluso insultan… protegidos por el anonimato de un nombre falso para “expresarse” en las redes sociales. Lo curioso es que con su alter ego terrenal, generalmente, en la pista de hockey son bajo perfil, cabeza gacha y no opinan mucho. Pero frente a la pantalla del computador o del celular llegan, incluso, a vomitar “su verdad” a lo Regan en El Exorcista. Peligrosa especie, a la par de Freddy Krugger de Pesadilla, Jason Voorhees de Martes 13 o Ghostface de Scream.

Esperando que no se haya asustado con lo escrito en esta crónica, que quien lea esta crónica tenga un Halloween sobre patines de miedo. ¿Hockey o travesura?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *