El Árbol Genealógico de los DT del Hockey Chileno

Audax vs Bata en 1962, en la que era la pista de calle Tocornal, la famosa Bombonera. Un clásico que fue un choque de Escuelas, entre la intensidad audina y el lirismo batino.

En sus 90 años de historia, el hockey-patín chileno desde siempre ha contado con orden táctico gracias a entrenadores -algunos intuitivos, otros más estudiosos- que le han dado la fisonomía a la actividad. Es más, en sus comienzos con el disco de madera la disciplina ya mostraba visos tácticos.

Eso se produjo gracias a Enrique Parra, basquetbolista que compartió jugadas de los cestos a los mozalbetes del Estudiantil de Independencia, que muy pronto tomaron para sí el resto de los equipos. Fue la primera semilla de lo que puede ser considerado como el árbol genealógico de nuestro hockey, cuya raíz angular está claramente definida. En los siguientes párrafos explicaremos cada rama de dicho árbol.

Reyes. El tronco principal es el técnico español Elías Reyes. El hispano llegó al país en 1950, contratado por Universidad Católica para propiciar el desarrollo de la actividad. Tras sus primeras vistas a la actividad hockística, su diagnóstico fue lapidario: “el hockista chileno no patina, camina sobre los patines”. Para Reyes lo fundamental era el correcto patinaje, lo que asumió tras tomar apuntes de los que hicieron los portugueses en el Mundial de Lisboa, el año anterior. La Escuela lusitana fue la que fortaleció los preceptos del técnico de la UC y lo compartió en los primeros cursos de entrenadores que se organizaron por acá.

De esta manera, de aquellas clases surgieron importantes nombres que fortalecieron al hockey-patín nacional.

El árbol genealógico del hockey chileno que resume 90 años de historia.

Don Oscar. Uno de esos aventajados fue Oscar Ahumada Santander. Dirigido por Reyes en Universidad Católica, aplicó todo lo que su mentor le entregó. Eso le permitió refrendarlo cuando dirigió a Unión Estudiantil de San Juan (1957-1959) ayudando al hockey de la vecina provincia a entrar en el mundo de los esquemas y a comenzar a dominar la escena trasandina. No en vano, los propios argentinos lo tienen considerado como uno de los Padres del Hockey Sanjuanino -sí, literalmente un chileno aportó al desarrollo del hockey del otro lado de la cordillera. Pero como estamos en Chile, no se valora-.

“Aunque no me dirigió, siempre me llamó la atención la seriedad con que se tomó la profesión de entrenador. Muy metódico, muy planificador, profesionalizó la labor” señala Jorge Andreu, multicampeón con León Prado, Unión Española y la Selección Nacional.

Su hijo, Oscar Ahumada Arrendondo, ahonda en la definición de su padre. “Mi papá sabía leer a los jugadores, a los propios y a los rivales. A los suyos, los captaba desde el camarín lo que le servía para sacar mejor provecho en la cancha dependiendo de la capacidad de cada uno. Y de los contrarios, conocía todas sus virtudes y defectos. Era muy estudioso, para él todo lo que sucedía en la cancha no era casualidad sino que era el fruto de las estrategias y tácticas que se practicaban durante la semana”.

Con relación a su heredero técnico, Ahumada hijo no duda en designar a “Eduardo Flores. Mi padre lo dirigió en la Usach y Eduardo, aunque después se contactó con Miguel Gómez, aprendió mucho de él. Son pensamientos similares, en cuanto a planificación, entrenamientos e, incluso, en observar cómo es cada jugador”.

Lo de Eduardo Flores, referido a sus posteriores contactos con Miguel Gómez -entrenador argentino campeón mundial y olímpico- es lo que sucedió con la mayoría de los entrenadores nacionales. En el sentido de contar con una rama de la cual surgen, pero después adquiere sus propios matices técnicos de acuerdo a sus propias experiencias. Es más, Flores fue el primero que aplicó el pressing en la escena nacional con el León Prado multicampeón de la segunda mitad de los 90; y en los últimos años agregó el tema físico para armar el HC San Jorge que ha dominado la escena nacional en las últimas temporadas, ahora dirigido por su hijo Nicolás.

Otros discípulos de Don Oscar son Eduardo Tapia, trimundialista, mejor medio del mundo en 1979 y que guió al UMCE-Manuel de Salas campeón en la primera década del presente siglo; y Hugo González, quien encabezó los procesos formativos que encabezó en Universidad Católica en la década de los 80.

Viña del Mar, campeón nacional 1947. Arriba, de izq a der: Miguel Tordecilla, José Valencia, Arturo Rodríguez y Raúl Garay. Abajo: Julio Fernández, Mario Garay y Carlos Robles.

Otra rama. Además de Elías Reyes, hay que considerar al técnico italiano Rafael Casali quien arribó al país en 1949 para fomentar el cambio del disco de madera a la bocha de caucho, además de formar la rama de hockey del Audax Italiano.

“Casali, además del hockey nuestro, venía del hockey-hielo también. De ahí que el Audax, además de funcionar como equipo en función del Cuadrado o Rombo, era de roce. En tanto, la UC de Elías Reyes era más académica para jugar y sus jugadores tenían libertad para improvisar, sobre todo en el área rival” señala Eugenio Silva, ex jugador, técnico y presidente de la Federación Chilena de Hockey y Patinaje entre 1976 y 1979.

“Audax tenía un juego un poco más brusco, pero también más esquematizado, un poco más estricto; mientras que Universidad Católica se fortalecía en el Cuadrado permitiéndose variantes con sus hockistas, aprovechando sus talentos” complementa Hugo Valdivia, referente de Ciclón, campeón con Bata y mundialista por Chile en 1962.

Lo del roce, el juego fuerte del Audax fue una Escuela que heredó Domingo Tunzi, siempre en la tienda itálica. Y que pasó, posteriormente, a Omar O’ Ryan -quien pertenecía a la generación joven del Audax, escoltando a los Finalteri y los Silva-.

“Tras el Audax, mi papá pasó a Ferroviarios donde fortaleció el formar equipos fuertes y con carácter. Aplicando, también, disciplina férrea para cumplir como conjunto. Sus planteamientos tácticos eran simples, no era de mucha estrategia. Le gustaba mucho el 2-2 ó el 1-2-1, además de salidas en velocidad. Así, salió campeón nacional con Ferro y con Las Condes” comenta Rodrigo O’ Ryan, hijo de Omar.

“Ahora, si me preguntas sobre quien fue el continuador de lo hecho por mi papá fue José Salas, a quien lo dirigió en Ferrovarios. Sobre todo, en León Prado donde al carácter, el Pelao Salas agregó la técnica y habilidad de sus jugadores. No en vano, él formó aquel mítico elenco del León Prado Azul que se conoció como Los Magníficos” agrega quien hoy forma en León Prado Master.

Las modificaciones que ha tenido el reglamento de juego desde la década de los 90 -sobre todo, con la aplicación de las faltas de equipo- fue minimizando esta tendencia de juego de mucho roce.

Huachipato, campeón nacional 1975. Fue la consolidación del proceso encabezado por Tristán Tapia y René Field.

Viña y Peñaflor. Otro de los alumnos aventajados de Elías Reyes fue Miguel Tordecilla, referente de Ciclón de Viña del Mar. El estandarte ciclonense fortaleció la habilidad innata y el patinaje de quienes jugaban en las calles de la Ciudad Jardín. No en vano, muchos de esos talentos, como los hermanos Alfonso y Mario Finalteri junto a Jorge Azócar, pronto llegaron a la capital para reforzar a los principales elencos metropolitanos.

A dichas habilidades se agregaba la tendencia de los pases largos y cortos, con correcta administración de la pelota.

Esa Escuela la llevó Hugo Valdivia cuando fichó en Bata, fortaleciendo la propuesta de un hockey lírico, bien jugado, que había nacido primero de Enrique Nicolás, entrenador de básquetbol que también aplicó los esquemas de los cestos al equipo de hockey. Y que se complementó con la llegada de otro de los estudiantes de Elías Reyes, Mario Meza -el primer entrenador chileno que dirigió en el extranjero, en Uruguay y Venezuela- conformando el equipo batino que dominó la escena nacional en la década de los 60. Se agrega Luis Soto padre, de pasado basquetbolista, quien también apeló a esos esquemas para empoderar al quinteto peñaflorino.

Osvaldo Rodríguez, tres veces cuarto lugar en los Mundiales -el gol que le anotó a los argentinos en octubre de 1989, en el Cantoni, aún no lo olvidan los amigos trasandinos- reafirma la Escuela Viñamarina. “Además de Miguel Tordecilla y Hugo Valdivia, también me dirigió Mario Garay, un tremendo entrenador. Ellos se preocupaban de fortalecer la técnica individual con ejercicios como el 2 contra 2 ó el 3 contra 1. También, prácticas básicas como el zigzag y remate cruzado. Fueron unos adelantados, porque cuando llegué a Italia en el 85 allá se entrenaban esos mismos ejercicios” comenta el ex hockista del Novara.

Sin pretenderlo, tras su retorno desde Europa en 1993, de la que trajo la actualización estratégica, Osvaldo Rodríguez cuenta con variados herederos técnicos, cada uno -como ya se mencionó- con sus particulares derroteros. Táctico por naturaleza, además de intuición, es Rómulo Vargas -y de quien es seguidor, también afín a los sistemas, Mathias Escudero; teniendo como continuador a José Sepúlveda-; mientras que Rodrigo Quintanilla y Gonzalo Campos son fieles a la estrategia. Más europeo es Ivo Susa, mientras que Pablo Martínez apuesta a transiciones veloces y rápidas combinaciones. Finalmente, Pablo Jara tuvo sus primeros aprontes de la Escuela Italiana gracias a su convivencia con Rodríguez en la Selección Nacional.

Retomando lo que emanaba desde Viña del Mar hasta Peñaflor, el juego del Bata se consolidó con los testimonios técnicos posteriores que tomaron Alfonso Erazo, Mariano Castillo y Francisco Miranda. Manteniendo el predicamento principal que nacía desde la rama principal, el patinaje de manera correcta.

Cruzados. Otro que surgió desde la Ciudad Jardín fue Rubén Leni, el eslabón que sirve para conectar a la rama que nació en Universidad Católica, gracias a la familia Llera.

“Quien contrató a mi padre, Aldo, fue Pedro Barrios, presidente de la rama de la UC en 1994, para que se hiciera cargo de las divisiones infantiles y del Adulto, hasta que llegara Rubén tras el Mundial B que se jugó en San Miguel. Pero mi papá siguió y Rubén viajó a Estados Unidos” comenta Mauricio Llera. Entre padre e hijo completaron casi cinco lustros, con un sello distintivo de juego de conjunto privilegiando la buena administración de la bocha.

El resultado fueron títulos tanto en Femenino como en Masculino, agregando el subcampeonato sudamericano en 2010. Con ellos, el Profe Mauro menciona a quienes serían los continuadores de ese proceso.

“Los que creo que siguen mi parte es la Pancha Puertas, que jugó conmigo muchos años, y Nico del Campo. Nico Fernández también estuvo conmigo harto tiempo”, agrega Llera. Aquí es donde entran a tallar, nuevamente, los mencionados matices. Porque mientras Francisca Puertas su base de juego es la Escuela Española, con presión alta; para Nicolás Fernández su piso es la Escuela Italiana con múltiples estrategias, agregando el hoy estratego del Llano el juego bien hecho.

La base del multicampeón femenino en 2017, uno de los logros de la Era Llera en la UC. De izq a der, Valeria García, Valentina Fuentes, Gigliola Berloffa, Celeste Llera, Florencia Llera y Mykaela Aparicio.

Leonpradinos. Siempre comenzando del tronco central, otra rama que nace es la de Juan Rojas, quien dirigió a la Selección Nacional cuarta en el mundo en Barcelos 82.

“Un técnico estricto, fiel a sus ideas tácticas, muy bien planificador de partidos”, señala Jorge Andreu. “Excelente técnico de hockey, manejaba los esquemas muy bien, sus entrenamientos eran muy fuertes, se preocupaba mucho de los trabajos de velocidad, recepción, contra entrega, ubicaciones zonales. Uno de los mejores” completa Oscar Ahumada.

Fue Rojas quien sentó las bases de lo que sería la Escuela Leonpradina, al asumir en la Escuela del IMLP en 1956. Para fortalecer esa labor tomó como ayudante a un ex alumno del colegio y que había iniciado la actividad dos años antes, Egidio Bonfanti.

La consolidación se alcanzó a principios de los 70 con el arribo a Gran Avenida de otros de los alumnos destacados de Elías Reyes, Camilo Parra. Consecuente con las enseñanzas de su mentor, para Don Camilo el patinaje era una ciencia. Estudioso, no descuidaba detalle al momento de preparar a sus pupilos enseñando desplazamientos, giros y frenadas. Aspectos básicos que para él fueron ley.

Este predicamento se condijo con el proceso que encabezaba César de la Arena, y que permitió el surgimiento de nuevos técnicos como Pablo Aguilera, Jorge Andreu, Jaime Frías -quien después extendió su sapiencia en UMCE- y Rodolfo Huerta -que llevó todo lo aprendido al norte para fortalecer al naciente hockey en el campamento minero de El Salvador-.

Entre medio, nutriéndose de lo que aprendió de técnicos como el propio Juan Rojas apareció Francisco Sabotier, Pancho Balatas. “Un tipo que sabía sacar lo mejor de sus dirigidos. Tácticamente, era espectacular, sabía ubicar a sus equipos” comenta Christian Espinoza, quien lo tuvo como DT en Universidad de Chile.

En resumen, un padrón hockístico basado, era que no, en un perfecto patinaje agregando, en las últimas etapas de la preparación, la habilidad con el stick.

Acero. Paralelamente, en la usina de Huachipato Elías Reyes sembró sus conocimientos para conformar a la tercera potencia hockística del país. La cosecha técnica-táctica del ibérico fue perfecta ya que encontró en Tristán Tapia y René Field a los perfectos discípulos para fortalecer la disciplina en aquella zona del país.

Tal como había sucedido en el resto del país, en el elenco siderúrgico los frutos se coronaron con títulos nacionales gracias al juego que mezclaba la habilidad de algunos de sus referentes más una férrea defensa, predicamento que surgió en los entrenadores que entraron en escena tras Tapia y Field.

Luis Núñez y Jorge Aliaga fueron los continuadores, sobre todo en la formación de nuevos valores. Dos de ellos hoy apelan a todas esas enseñanzas recibidas para formar nuevas generaciones: Jaime Coloma, en su natal Huachipato; y Daniel Díaz, en León Prado. Hay tradición para compartir.

Unión Española, campeón 1977. Arriba, de izq a der: Francisco Sabotier (DT), René Muñoz, Eduardo Riveros, Sandro Pifferi y Osvaldo Cordero. Abajo: Emilio Ibáñez, Jorge Andreu, Antonio Guillá y Manuel Llorens.

Más ejemplos. Antonio Luna, otro de los mejores alumnos de Elías Reyes, refrendó su estilo de juego bien practicado en León Prado y Bernardo O’ Higgins, entre otros clubes. En este último encontró a su perfecto adepto, Álvaro Aravena quien dirigió a UMCE en los inicios del presente siglo.

Roberto Vargas Bolland, si bien surgió en el Audax de los Finalteri, sus equipos se caracterizaron por un juego galano, bien hecho. Y más, un analista que conocía las falencias de sus dirigidos a quienes perfeccionaba en función de sus registros de rendimiento. Su hijo Roberto Vargas Álvarez es el perfecto continuador de esos procedimientos.

Wilfredo Bendeck es otra de las ramas destacados que nacen del tronco central. “Te llevaba a tu casa donde te concentraba y en un pizarrón te enseñaba los movimientos que debíamos protagonizar en pista. Te empapaba de hockey con sus conocimientos, sabía mostrarte cómo moverte en la cancha” señala Christian Espinoza, quien reconoce que Bendeck, el primer gran medio que tuvo el hockey chileno, influyó en él y en sus hermanos en sus posteriores carreras como técnicos. Otro que siguió la senda fue Osvaldo Andrade, de brillante labor en Universidad Católica y en la Selección Nacional.

El ya nombrado Eugenio Silva también fue alumno directo de Elías Reyes. “Con el Queno aprendí disciplina, me educó en la parte deportiva. Siempre estuvo actualizado en el hockey moderno” sostiene Eduardo Cleveland, quien no duda en señalarlo como su propio mentor. También del alero de Don Queno son Sandro Zolezzi, para hacerse cargo en los años 70 de las infantiles de Stadio Italiano; y Eduardo Vergara, quien hasta hoy es fiel a la Vieja Escuela de la formación de hockistica privilegiando la enseñanza del patinaje sin apurar el paso para tomar la chueca.

Postal que reúne a los jugadores de Thomas Bata con los de su clásico rival, Audax Italiano. Arriba, de izq a der: Mario Meza, Alfonso Finalteri, Luis Bravo, Roberto Vargas, Wilfredo Bendeck, Luis Soto, Sergio Rodríguez, Mario Finlaterri, Slobodan y Carlos Pellegrini. Abajo: Alfonso Erazo, Jorge Cordero y Juan Sánchez. Todos astros en la décadas de los 50’s y 60’s de nuestro hockey.

Escuelas. Todo lo anterior llevó, en la mejor época del hockey nacional que se extendió entre la década de los 60 y principios de los 90, a sostener que las tres principales plazas en el país -vale decir Santiago, Valparaíso/Viña y Concepción/Talcahuano- eran un símil de las potencias europeas.

“De Santiago se decía que era como España, por lo táctico y también por la base de sus equipos de Asociaciones, similares al Barcelona que era la base de la Selección Española. Porque, por ejemplo, la Asociación Universidad Católica tenía un solo equipo adulto, la UC. Lo mismo que la UTE, hoy Usach. O la Santiago, que era la combinación de Bata con Audax. Además, sus equipos eran muy afines al Cuadrado o el Rombo” comienza diciendo Luis Coloma, referente de Huachipato y campeón sudamericano con la Selección Nacional en el 79.

“Viña era como Italia, por la variación táctica en función de la habilidad de sus principales figuras. No olvides que de ahí salieron los hermanos Finalteri, Luis y Carlos Soto, Osvaldo Rodríguez padre e hijo por nombrar a algunos”.

“Y Conce con Talcahuano eran Portugal. Porque además del buen patinaje y estratégico, Huachipato contaba con espectaculares chuteadores como lo era Chana. Así contamos con Ricardo Cacho Vidal, Javier Cacho López, Miguel Ábrigo y Daniel Díaz”, agrega Coloma.

A todo lo anterior se une el aporte de entrenadores, fundamentalmente argentinos, que también han hecho su aporte. Como Santos Álvarez quien a fines de los 80 terminó con el dogma de las posiciones fijas para actualizar la actividad con un hockey más funcional –“todos atacan, todos defienden”-. También, Dante Alcaraz, Rodolfo Oyola, las estrategias fijas de Jorge Otiñano o, más actual, el juego de conjunto de Mariano Romero, la intensidad de Oscar Oviedo o el pragmatismo de José Luis Bertrán. No se puede dejar fuera al portugués José Querido y su abanico de sistemas.

Influencia Lusitana. En consecuencia, la base histórica del hockey chileno se encuentra en el hockey portugués, no hay duda. Pero también, y tal como se redactó tras el Mundial de 1962 -¿usted no sabía que en abril de 1962, además de Mundial de fútbol, se jugó el Mundial de hockey en el, en ese entonces, Gimnasio Nataniel con astros como Livramento, Monney y Guillén, entre otros? Bueno, ahora ya lo sabe- el hockey chileno debía sacar provecho a lo presenciado durante el certamen. Aquella vez se sugirió que –atendiendo la técnica de los hockistas nacionales- se asumiera una mixtura entre lo mostrado por Portugal –“elasticidad de movimientos en el manejo de la chueca, patinar hacia atrás, por entre los patines, estado físico para agacharse y sin tocar al rival”– y por Italia –“movimientos bruscos, fríos en su accionar”– para adecuarse al desarrollo que estaba teniendo la actividad a nivel internacional. Todo eso se ha cumplido, más hoy que la interactividad existente permite un mayor acercamiento a las actualizaciones que va luciendo la escena hockística.

Con todo eso, con toda la historia de nuestro hockey, se deben reactivar los Cursos de Entrenadores -ya pues ¿cuándo se rearma el Colegio de Entrenadores del Hockey Chileno?- para continuar la senda que marcaron quienes han sido nombrados en estas líneas.

Post data: la epifanía para la redacción de este reportaje fue el que publicó el colega Danilo Díaz en la extinta revista Don Balón, con relación a los entrenadores del fútbol chileno -con la dicotomía Riera-Alamos-, en septiembre de 1996. Entonces, ahora era el turno de redactar algo similar con nuestro hockey-patín.

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